te atreves a sonreír?

Ep.

Recuerdo aquel viaje como uno de los más interesantes. Tan sólo tenía catorce años. Llegamos al Delta del Orinoco el día de Navidad, como un regalo. El aire era húmedo, muy húmedo. Los pájaros que volaban por los alrededores eran tímidos. Ningún ruido provenía de sus alas. Ligeros, se marchaban a no sé qué lugar.

Yo, joven, viajaba demasiado concentrada en aquel paisaje. El río Orinoco, denso y ancho. Sus pequeñas olas sonaban lejanas y monótonas. Los nenúfares nos abrían paso a la barca y a mí. El guía nos iba contando y mostrando cada tipo de ave que veía revolotear.

-Miren ustedes,- dijo con aquel acento venezolano- allá a lo lejos, hay una bandada de ibis.- señaló animadamente.- Son típicos del Orinoco por su color rojo, ya que comen unas pequeñas gambas...- prosiguió el guía.


La barca en la que íbamos paró repentinamente. Me sobresalté. ¿Qué habría ocurrido? ¿El motor se había averiado? Miré a mi al rededor y, por fin, lo entendí todo. 

Una pequeña barca de motor. Una familia indígena se encontraba tirada en medio de aquel inmenso brazo de río. Un dialecto que no entendía interrumpió mis pensamientos. Finalmente, una chica de mi edad salió de la nada. Estaba muy acalorada y tenía los ojos llorosos. El guía pidió que le hiciéramos un sitio y así hicimos. Dimos media vuelta y fuimos directos al primer pueblo indígena de los alrededores.

La chica lloraba y lloraba. No sabía qué pasaba. Llegamos al embarcadero y me di cuenta de que su barriga estaba hinchada. Estaba embarazada. A la pobre chica, no le dio tiempo a llegar a una camilla o a cualquier otro lugar donde dar a luz y tuvo que tumbarse en la barca.

Bajé de la barca y oí gemidos y llantos. Y después de unos minutos, un lloro infantil. Miré y vi a la chica llorando, pero, esta vez, con una sonrisa. Había dado a luz, el día de Navidad, en una pequeña barca de turistas.

Un dialecto aún más incomprensible comenzó. Y entendí todo.
- Muchísimas gracias, señor.- decía la chica con el bebé ya en sus brazos.
- De nada, chica. Cuida bien al pequeño, y ¡suerte!- dijo el guía.

Aquella fue una experiencia que jamás olvidaré.

Navidades en Venezuela.

4 comentarios:

Carmen(: dijo...

¡Vaya! que bonito. Sin duda tenías que haberlo leído(:Escribes genial.
Saludooos!!

Wik@♥ dijo...

Me encanto la forma en la que describes el paisaje muy bonito te invitó a que pases por mi blog besos

Caami *,* dijo...

QUE HERMOSA EXPERIENCIA PERSONAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAL, ME FASCINÓ *-*

alicia dijo...

WEKEEEE,VAYA VAYA...^^,ESTA MUY BIEN:D
Un besoooo^^